A finales de febrero, España se encuentra en un momento crítico para la planificación y ejecución de medidas preventivas frente a incendios forestales. Tras un invierno excepcionalmente húmedo en muchas regiones, se prevé un crecimiento significativo de la vegetación herbácea, arbustiva y arbórea durante la primavera. Esta proliferación de biomasa constituye combustible potencial que, combinado con el incremento de temperaturas estivales y la disminución de humedad relativa, incrementa el riesgo de ignición y propagación de incendios durante el período de máxima vulnerabilidad (julio‑septiembre/octubre).
En este contexto, la gestión proactiva de la vegetación, la protección de los núcleos de población y la conservación de espacios de alto valor natural, cultural y etnográfico se convierten en prioridades estratégicas.
La importancia de la primavera en la prevención de incendios
La fase de rebrote primaveral tras un invierno lluvioso genera mayor densidad de combustibles finos y medios, que son determinantes en la intensidad y velocidad de propagación de un incendio. Los periodos de precipitaciones superiores a la media seguidos de temperaturas templadas favorecen la acumulación rápida de biomasa, incrementando significativamente el riesgo de continuidad del combustible.
El control temprano de esta vegetación permite interrumpir la continuidad horizontal y vertical de los combustibles, lo que reduce la probabilidad de que pequeños focos de ignición se conviertan en incendios de gran magnitud.
Interfaz urbano‑forestal: zonas de máxima vulnerabilidad
Las zonas de interfaz urbano‑forestal (IUF), donde la vegetación natural se encuentra adyacente a núcleos de población, representan un riesgo elevado para la seguridad de personas, bienes y servicios. La densidad de combustible, la topografía y la cercanía a infraestructuras críticas aumentan la probabilidad de que un incendio afecte directamente a la población.
Las medidas técnicas recomendadas incluyen:
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Limpieza y desbroce de parcelas periurbanas, eliminando material combustible de alta inflamabilidad.
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Mantenimiento de franjas de defensa y cortafuegos, que interrumpen la continuidad de la biomasa.
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Gestión de jardines y áreas verdes, evitando especies altamente inflamables y acumulación de residuos vegetales.
Estas actuaciones deben combinarse con planes locales de autoprotección y evacuación, así como con sistemas de alerta temprana y vigilancia.
Caso de estudio: Las Médulas
El incendio que afectó a Las Médulas en 2025 constituye un ejemplo ilustrativo de la vulnerabilidad de espacios patrimoniales y ecológicos de alto valor. Este espacio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sufrió daños significativos en sectores de vegetación y suelo, poniendo de manifiesto la necesidad de planificación preventiva integral y de ejecución de medidas silvícolas de mitigación.
El análisis post-incendio mostró que la falta de mantenimiento de franjas cortafuegos y de gestión de la biomasa residual contribuyó a la propagación del fuego, afectando tanto a valores culturales como a la seguridad de áreas adyacentes. https://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/expertos-del-csic-evaluan-en-las-medulas-las-consecuencias-del-incendio
Influencia del cambio climático en el riesgo de incendios
Los patrones climáticos asociados al cambio climático incrementan la frecuencia e intensidad de olas de calor, periodos secos prolongados y vientos extremos, todos ellos factores que favorecen la propagación rápida de incendios forestales. Estudios recientes indican que la probabilidad de incendios de alta intensidad ha aumentado de manera significativa en la última década en la península ibérica, lo que hace imperativo actuar preventivamente antes de la temporada de riesgo.
Medidas técnicas y estratégicas de prevención
Gestión de combustibles forestales
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Desbroces y clareos controlados en montes y terrenos forestales para reducir densidad de vegetación y continuidad de combustible.
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Pastoreo controlado y manejo silvopastoral, técnicas tradicionalmente utilizadas para disminuir la biomasa disponible.
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Instalación y mantenimiento de cortafuegos y franjas de protección en zonas estratégicas y perímetros de núcleos urbanos.
Autoprotección y planificación urbana
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Adecuación de la vegetación periurbana y protección de jardines y espacios verdes.
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Limpieza y mantenimiento de tejados, canalones y accesos a viviendas.
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Desarrollo de planes de autoprotección y evacuación, integrados con los planes municipales de defensa contra incendios forestales.
Sensibilización y colaboración comunitaria
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Cumplimiento de restricciones de fuego en zonas de riesgo durante la temporada crítica.
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Participación ciudadana en labores de limpieza y gestión de parcelas.
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Difusión de información técnica sobre medidas preventivas y gestión del riesgo.
La prevención de incendios forestales no puede limitarse a la reacción frente a incendios activos. Actuar de manera anticipada durante la primavera, gestionando la vegetación, fortaleciendo la protección de la interfaz urbano‑forestal y aplicando criterios de planificación territorial y silvícola, constituye la estrategia más eficaz para reducir el riesgo, proteger el patrimonio y salvaguardar vidas humanas.
El caso de Las Médulas evidencia que incluso los espacios de alto valor cultural y ecológico pueden resultar gravemente afectados sin una gestión preventiva adecuada. Este año, marcado por una vegetación especialmente vigorosa tras un invierno húmedo, requiere una actuación técnica y coordinada inmediata para minimizar la probabilidad de incendios de gran magnitud durante el verano.
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