El debate en torno al acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur ha reabierto una reflexión necesaria que va mucho más allá del comercio internacional. Hablamos del modelo productivo que queremos construir, de cómo defendemos nuestro sector primario y de si nuestras políticas comerciales son coherentes con los compromisos medioambientales y de salud pública que decimos asumir.
Apoyar al sector primario y proteger el medioambiente no son objetivos contrapuestos. Al contrario, deben ser los pilares sobre los que se articule cualquier acuerdo comercial que aspire a ser justo, sostenible y beneficioso para el conjunto de la sociedad.
Apoyo al sector primario local y consumo de proximidad
Defender el sector primario local no es una posición proteccionista ni excluyente, sino una apuesta por el sentido común económico, social y ambiental. Las políticas públicas deben fomentar el consumo de productos de proximidad, fortaleciendo el tejido productivo local y contribuyendo a la fijación de población en el territorio.
Reducción de la huella de carbono en el transporte
Uno de los principales beneficios del consumo de cercanía es la disminución de la huella de carbono asociada al transporte. Los alimentos importados desde miles de kilómetros incorporan un coste ambiental elevado que rara vez se refleja en su precio final, pero que impacta directamente en el clima y en los ecosistemas.
Reducir las largas cadenas logísticas no solo es una medida ambientalmente responsable, sino una forma eficaz de avanzar hacia un modelo de consumo más sostenible.
Consumo más sostenible y ahorro de costes
El consumo de productos locales también tiene un impacto positivo en la economía doméstica. Menos intermediarios, menos costes logísticos y cadenas de suministro más cortas se traducen en mayor eficiencia, precios más estables y menor dependencia de mercados externos. Apostar por el sector primario local es, a medio y largo plazo, una decisión económicamente inteligente.
Mercosur y la igualdad de exigencias en la producción
El debate sobre Mercosur no debe centrarse en una falsa dicotomía entre apertura o cierre de mercados. La cuestión clave es en qué condiciones competimos y si todos los productores lo hacen bajo las mismas reglas.
Mismos parámetros de calidad para todos los productores
Si queremos un mercado justo, es imprescindible exigir los mismos parámetros de calidad, producción y control a todos los agentes productivos, independientemente de su país de origen. No es razonable imponer estrictas normativas sanitarias, laborales y medioambientales al sector primario europeo mientras se permite la entrada de productos elaborados bajo estándares más laxos.
Exigir igualdad de condiciones no es levantar barreras, sino garantizar una competencia real y equilibrada, en la que todos parten desde la misma línea de salida.
Protección de la salud del consumidor
La salud del consumidor debe ser un eje central de cualquier acuerdo comercial. Reducir el uso de productos químicos en el abonado agrícola, así como de pesticidas y herbicidas, no es una cuestión ideológica, sino una necesidad basada en criterios científicos y sanitarios.
Si estas exigencias son obligatorias para la producción local, deben ser igualmente aplicables a los productos importados. No puede haber dobles estándares cuando hablamos de seguridad alimentaria.
Medioambiente y sostenibilidad global
La protección medioambiental no entiende de fronteras. Endurecer las normativas internas mientras se externaliza el impacto ambiental a terceros países es una contradicción que debilita cualquier estrategia climática.
Apoyar al sector primario en otras latitudes
Defender al sector primario local no significa ir contra los productores de otras regiones. Al contrario, igualar las exigencias de producción también beneficia al sector primario de terceros países. Elevar los estándares implica mejorar la calidad de los productos, proteger los ecosistemas locales y favorecer condiciones de producción más saludables o lo q es lo mismo, una inversión a futuro.
Beneficios para los consumidores y la sociedad
El aumento de las exigencias en la producción agrícola repercute directamente en consumidores más protegidos, alimentos de mayor calidad y entornos más sanos. Este enfoque contribuye a la construcción de una sociedad más justa, más saludable y más consciente del impacto de sus decisiones de consumo.
Un comercio justo para un futuro sostenible
El acuerdo con Mercosur puede ser una oportunidad si se gestiona con responsabilidad. Para ello, debe incorporar mecanismos eficaces de control, cláusulas de salvaguarda y verificación real del cumplimiento de los estándares acordados.
Defender la igualdad de condiciones, el sector primario y el medioambiente no es una postura contra el comercio internacional, sino una apuesta por un modelo más coherente, resiliente y sostenible. Solo desde esa base podremos avanzar hacia un sistema productivo que cuide a quienes producen, proteja a quienes consumen y respete el planeta que compartimos.
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